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Paz << Tomás Contreras V. >>

Nada tan indeseable y trágico como una guerra, situación límite y terrible en la que, aun cuando haya un ganador sobre el terreno, todos los contendientes resultan perdedores, tanto por la pérdida de vidas de soldados y civiles, como por la destrucción de bienes materiales. En la guerra, en ninguna guerra gana nadie, y todos debemos hacer de buena fe y sin reservas lo que esté a nuestro alcance por evitarla.

Esta simple reflexión viene al caso por el estado tan crítico y peligroso en que hoy se encuentran las relaciones entre nuestro país y Colombia, las cuales en los últimos días de han deslizado por un preocupante tobogán de acusaciones y recriminaciones mutuas, cuyo desenlace desconocemos, pero que ha llevado a muchos a hablar reiteradamente de la inminencia de un conflicto armado.
Significación especial por la alta investidura que ostenta tienen los repetidos señalamientos del presidente Chávez, quien ha dicho, palabras más palabras menos, que hay altas probabilidades de que el país vecino, estimulado y apoyado por los Estados Unidos, intente una incursión militar en nuestro territorio. Declaraciones de este tenor o parecidas, aunque no sea la primera vez que las hace, no dejan de suscitar cierta sensación de temor y justificada angustia en la población.

Por fortuna, las repuestas tranquilizadoras no se han hecho esperar. Una alta funcionaria del Gobierno norteamericano negó enfáticamente ese señalamiento, y más bien recordó la larga historia de buenas y productivas relaciones entre los dos países. En Colombia, el propio presidente Uribe ha descartado de plano esa posibilidad, mientras el presidente electo, Juan Manuel Santos ha dejado saber en diversas ocasiones su voluntad de mejorar las relaciones diplomáticas, cosa que también ha hecho el presidente Chávez, refiriéndose al futuro y a los vínculos con el nuevo gobierno de allá.

Como convencidos amantes de la paz que somos, nos mantenemos optimistas a pesar de tanta violencia verbal, de tanto fuego de palabras que va y viene y que debería, por el bien y la tranquilidad de todos, reducirse a cero, para dar paso a la prudencia, la mesura, el respeto entre las partes y el inicio de nuevas vías para la superación de las diferencias, la negociación y el acuerdo constructivo.

Sólo con recordar que estamos en tiempos bicentenarios, que hace 200 años venezolanos y colombianos, sin distinciones ni diferencias, se unieron por la noble causa común de la Independencia y que lograda ésta, por algunos años fuimos el mismo Estado, con la misma Constitución, las mismas leyes y los mismos ideales, debería bastarnos para comprender para siempre que somos el mismo pueblo y que la paz, la ayuda mutua y la fraternidad deben ser los valores prevalecientes en nuestras relaciones. Por eso, aunque el presidente Chávez, como lo ha anunciado, no asista a la toma de posesión del nuevo gobierno de allá, con él debe abrirse una nueva y fecunda oportunidad para avanzar por el camino de la concordia y la superación de los problemas, por graves que sean, por la vía pacífica y civilizada.


 
     
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